La identidad de las niñas y los niños

Durante la gestación es muy frecuente que los papás sientan curiosidad por conocer el sexo del bebé que está por nacer. Esto se debe a la necesidad de poder fantasear más concretamente con el hijo. Elegirle un nombre, comprarle la ropita, decorar su cuarto, forman parte de este anhelo. Que los padres sepan si es niño o niña marca ya una diferencia, pues a partir de ahí dejará de ser el bebé para pasar a ser el o ella.

Al nacer, la identidad de los niños y niñas no sólo viene determinada por el sexo; tradicionalmente, también lo ha estado por el proceso de socialización y por la educación.

La familia es el primer agente socializador del niño y la niña y, al mismo tiempo donde más se puede fomentar y consolidar los roles o estereotipos tradicionales del hombre y la mujer. No obstante, puede ser también uno de los principales entornos donde educar en igualdad a los hijos e hijas.

 

En sus primeros años…

 

Ya en los primeros años de vida, los juguetes pueden simbolizar los estereotipos sexistas de esta sociedad. La ‘cocinita’, el maletín de costura, la muñeca con sus complementos de ropa rosa azul, el carricoche de bebé… son algunos ejemplos de juguetes que presuponen el rol que estas futuras mujeres desempeñarán o que socialmente se espera que desempeñen. Independientemente de la actividad profesional a la que dediquen sus vidas, la cocina o la limpieza son ejemplos de actividades que las mujeres tienen asignadas desde niñas. Los niños, por el contrario, se divierten con juegos asociados a la construcción o el transporte, por poner un ejemplo.

De la misma manera, no suele estar bien visto en el seno de las familias que el niño o la niña muestren interés por los juegos asignados al sexo contrario y, aunque este obstáculo se va superando cada vez más, sigue siendo extraño ver a un niño con muñecas o a una niña con coches de carreras. Paradójicamente, al mismo tiempo que del niño se espera que no juegue con la cocinita, se pretende que el hombre colabore en las labores del hogar. Y a la inversa, los coches y camiones que algunos no consideran adecuados para las niñas, se contraponen a una realidad creciente en la que se intenta que la mujer pueda acceder a todo tipo de profesiones.

 

 

 

La familia, un factor determinante

 

 

Varias esferas de la vida familiar determinarán, según el trato, las expectativas y los roles, su forma de comportarse así como el papel que jugará el niño o la niña en el futuro. Por ello, hay que tener presentes estas situaciones:

 

Los modelos familiares. El dicho ‘predicar con el ejemplo’ suele ser muy adecuado. En el seno familiar tradicional las ‘labores del hogar’ eran femeninas y los ‘trabajos’ masculinos y cambiar esa concepción es fundamental a la hora de educar a los pequeños y pequeñas en la igualdad. Que el hombre asuma tareas que tradicionalmente estaban ligadas a la mujer y viceversa hará que los niños y niñas crezcan en un ambiente en el que la igualdad entre los sexos sea vista como algo normal. Es importante que el reparto de tareas en el hogar se explique y que todos participen en ellas.

Valorar la diferencia como personas y no como sexos. Es normal que a las hijas/os no se les trate de la misma forma; cada persona es distinta y hay que aprender a que ellas/os valoren que en esa diferencia descansa la riqueza. No obstante, el hecho de valorar y apreciar las diferencias no debe hacerse en función del sexo de la persona y mucho menos potenciarlas en base a ello.

La expresión de los sentimientos. La capacidad de ser más o menos expresivo con los sentimientos es una cuestión puramente personal, interna de cada uno y nada tiene que ver que se trate de un niño/hombre o una niña/mujer.

La elección de las actividades extraescolares. La familia debe fomentar la práctica de actividades alternativas sin hacer diferenciaciones en cuanto al sexo. Las habilidades para realizar una u otra actividad no vienen determinadas por el sexo de quien las practica.

El lenguaje. Se debe evitar la utilización de palabras, dichos populares o comentarios sexistas. Es una muestra de sensibilidad hacia el tema que nos ocupa y un modelo de trato igualitario.

Los medios de comunicación. Es aconsejable que la familia se siente con las niñas y niños y les expliquen qué están viendo en la televisión, en una revista o en cualquier otro medio de comunicación. Algunos mensajes publicitarios suelen encasillar al hombre y a la mujer en sus roles tradicionales, y los adultos deben ser críticos al respecto. De esta forma se fomenta una actitud responsable.

Los modelos de referencia más próximos para los menores van a ser determinantes en el aprendizaje de valores y actitudes. No hay que olvidar que durante los primeros años las niñas y niños se rigen por la imitación de sus adultos. De ellos depende, en buena medida, que esos comportamientos e ideas se construyan sobre una base de igualdad.

 

Claves útiles

 

*Los juguetes no tienen una etiqueta de género. Hay que darle a la niña y  al niño lo que le guste, no lo que socialmente le corresponde.

*Hay que hablar con ellos sobre la importancia de respetar al otro y de que la riqueza de las personas nunca vendrá determinada por su condición sexual.

*El lenguaje o las imágenes discriminatorias fomentan comportamientos negativos. La familia debe ser crítica con ello.

 

 

 

 

 

Pero ¿Hay o no diferencias?

 

Los ritmos de desarrollo nos permiten marcar diferencias más claras que las mencionadas hasta ahora. Las curvas de crecimiento para varones y nenas también difieren, y los momentos en que crecen más rápidamente los niños se producen a edades también distintas. Incluso habilidades en unos y otros varían, por lo tanto su desarrollo físico, intelectual y social no será igual.

En el libro “El cuidado del bebé y del niño” su autora, Miriam Stoppard, menciona las siguientes diferencias:

 

Niñas:

-         Desarrollan más habilidades relacionadas con el lenguaje, como hablar, leer y escribir.

-         Suelen ser más sociables que el varón debido a que se interesan más por las personas que por las cosas. Esto a su vez hace que puedan captar las normas sociables con mayor facilidad.

-         Empiezan a caminar antes.

-         Afrontan mejor las situaciones de estrés.

 

Niños:

 

-         Comienzan a hablar más tarde que las niñas y son más proclives a los trastornos del lenguaje.

-         Suelen ser menos sociables que las niñas y se interesan más en los objetos que en las personas.

-         Empiezan a caminar más tarde.

-         Son más competitivos.

-         Son más vulnerables al estrés. Esto ocasiona que probablemente tenga más problemas de conducta.

-         Son menos propensos a reaccionar al estrés con llanto.

 

Es sabido que a lo largo de la historia, los roles y los estilos atribuidos a hombres y mujeres han ido cambiando. Esto a su vez produce una modificación en la construcción de las familias y en las ideas de género que va teniendo cada sociedad. En épocas remotas a ningún padre se le hubiera ocurrido alentar a su hija a desarrollarse profesionalmente, ni tampoco enseñarle a su hijo a hacer los quehaceres domésticos.

Sin embargo, en la actualidad son situaciones absolutamente cotidianas.

En la práctica clínica con chicos, es muy habitual ver cómo los padres tratan distinto a sus hijos, de acuerdo a su sexo.

 

¿Cómo tratan los adultos a las niñas/os?

 

 Niñas:

-         Son tratadas más suavemente.

-         Se las consuela más cuando lloran.

-         Se favorece en ellas conductas de mayor dependencia.

 

 

Niños:

 

-         Son tratados con menor suavidad.

-         Se los alienta a conductas más temerarias.

-         Se los consuela menos.

-         Se estimula el desarrollo de su independencia.

 

 

Para culminar cabe recalcar que las personas nos convertimos en hombres o mujeres teniendo en cuenta como base el modelo femenino y masculino que nos brindaron nuestros padres.