Y entre tanta búsqueda tenemos el deseo de encontrar la perfecta, la que más se acerque a nuestra manera de ser y nos dé resultado.
Pero la verdad es que cada niño/a es único, cada madre y cada padre es único y habrá consejos que sí funcionen pero otros den como resultado todo lo contrario.
En el proceso de criar y educar a nuestros hijos entran en juego muchos factores. Unos antes de su nacimiento: nuestra propia infancia, lo que hemos recibido de nuestros padres, nuestra manera de sentir y ser como adultos, cómo somos como pareja, cómo concebimos a nuestro bebé. Otros después de su nacimiento: el parto, su genética, lo que recibe del entorno en el que vive y cómo lo recibe, su propia manera de hacerse ver para ser atendido, si es el primogénito, si tiene más hermanos, etc.
Por lo tanto no existe la solución única, el mejor consejo, la estrategia que pondrá fin a…, que nos ayudará a…, por más que nos gustaría que existiese.
Si en algún lado hemos de buscar es en nuestro interior, en nuestro corazón. Hemos de mirar hacia dentro y ver qué energía, cuánto amor hay en todo aquello que le decimos y hacemos. Es decir tratar de unir sentido común y corazón.
Cuan importante es nuestra actitud con los niños para educar
Los pequeños experimentan, manipulan, miran, tocan, corren, saltan, juegan solos o en compañía, piden, preguntan, gritan, ríen, lloran, se enfadan…..según les convenga en cada momento, en cualquier lugar, sin prejuicios, “sin normas” según sus necesidades…En definitiva, es la manera que tienen para conocer y aprender del entorno que les rodea. Y nosotros, padres o educadores, les acompañamos y les educamos en este proceso. Así como por ejemplo, les enseñamos a pedir las cosas por favor, a recoger sus juguetes o a que me escuche cuando le explico un cuento.
Pero dando un paso más allá, quiero darle importancia a nuestra actitud, “nuestro ser y estar” con los niños que educamos. ¿Lo tengo todo planificado o dejo que surjan cambios? ¿me siento tranquila o nerviosa cuando estoy con el pequeño? Con el tiempo y mi experiencia he descubierto tres palabras (que van relacionadas con la paciencia) que me ayudan mucho cuando estoy al cargo de niños: OBSERVA, PREGUNTATE (reflexiona) Y ACTUA. Ante cualquier situación con tu hijo: observa qué hace y porqué. Pregúntate y reflexiona si le dejas hacerlo o qué le quieres decir. Finalmente, actúa, ayúdale, háblale o propón un cambio.
Y lo más importante de todo es nuestra paciencia y el cariño que le ofrecemos. |