¿Por dónde salen los bebés?. ¿Por qué papá no vive más con nosotros?. ¿Es verdad que los Reyes Magos son los padres?. ¿Qué quiere decir “morir”?. ¿Por qué el abuelo “se fue al cielo”?. ¿Yo soy adoptado?.
El menú de “preguntas difíciles” se multiplica si a las clásicas sobre la sexualidad y la muerte, se agregan aquellas sobre cuestiones abstractas. También ciertas circunstancias de la vida, como un divorcio, hacen complicada una respuesta. Aunque en el caso de la separación los chicos suelen no sorprenderse -porque perciben el conflicto desde antes- y es probable que no pregunten al respecto hasta que empiece a vivir la realidad de qué es una separación. En ese caso, nuevamente hay que ir con la verdad y dejar en claro que una cosa es la función de padres -que no se termina- y otra el amor de una pareja.
Preguntas comunes
Hay edades donde los chicos tienen temas que les interesan más que otros. Todo lo que se relaciona con la sexualidad, la procreación y los hermanitos puede aparecer cuando algún familiar está por tener familia. Si no, ese interés comienza a partir de los tres años y se va acrecentando entre los cuatro y los cinco.
Si el chico pregunta “¿de dónde vienen los bebés?”, entonces habrá que indagar: “qué quiere decir de dónde vienen?, ¿Por dónde salen o cómo llegan hasta la panza de la mamá?”, para ir distinguiendo qué es lo que pregunta exactamente.
Antes de preguntar algo, ellos ya tienen una teoría armada. Pero es una teoría mágica y fantástica. Es muy común que los chicos fantaseen con que si comen algo quedan embarazados. Además, a los cuatro años todavía no hay una diferencia sexual en el sentido de reconocer la función de cada uno de los sexos. Todavía hay una indiscriminación de quién puede tener un bebé o no. Por eso es bueno también ir comenzando a decir estas cosas: “la mamá o las mujeres son las que tienen bebés”.
Muchas veces, más o menos a los tres años, si van a tener un hermanito, tienen la fantasía de que es de ellos, que les pertenece a ellos y a la mamá. Porque todavía no tienen una noción clara de la función paterna. Algunas madres refuerzan esto, dándoles la razón. Pero en realidad deben decirles: “es tu hermano, lo hicimos mamá y papá”.
Como los chicos no saben cual es la función que cumple el hombre y la mujer para tener un bebé, si uno les dice que “los padres se quieren y se aman y se abrazan fuerte”, pueden entender que ellos también pueden tener un bebé. Es importante decirles cuál es la diferencia, con su vocabulario.
Otra curiosidad
Las preguntas sobre la muerte se les ocurren a los chicos a partir de los cuatro a seis años. No necesariamente tiene que morirse un familiar, aunque si ocurre seguramente van a preguntar. Los chicos que sufren la muerte de algún familiar cercano antes de esta edad, lo viven mucho más naturalmente que una persona adulta.
No saben exactamente de qué se trata, no tienen mucha noción de lo que le pasa a esa persona que se murió. Pero uno debe darles alguna explicación, religiosa o no, sobre dónde está esta persona. Algunos les dirán que está enterrado, otros que su alma está en el cielo y los cuida... o que los recuerdos y el amor que se tienen de esa persona están dentro del corazón. Siempre hay que dejar en claro que esa persona no va a volver, para no generar expectativas. Es muy importante qué palabras se usan y, aunque sea muy doloroso, siempre es mejor la verdad que la mentira.
Responder preguntas difíciles
¿Hay preguntas difíciles? ¿O somos los adultos quienes no sabemos qué responder?, porqué tal vez tampoco nosotros tenemos una respuesta clara a esa duda o la pregunta de nuestro hijo, nos angustia, nos compromete con alguna realidad que todavía no asumimos. Entonces, son las respuestas que se tornan difíciles. Para ellos es algo normal, están descubriendo el mundo, preguntan con naturalidad. Mientras los padres se devanan buscando la forma más sencilla de contestar eso que les genera pudor o que no pueden ni explicarse a sí mismos.
La primera regla de oro a la hora de responder las tan mentadas “preguntas difíciles” es decir siempre la verdad. Porque si el chico descubre que sus padres, las personas en quienes confía, le mienten, se siente traicionado y la relación se resiente.
Claro que a veces se dicen mentiras piadosas, como parte de un juego. Papá Noel, los Reyes Magos... son parte de una tradición cultural y suelen ser otro tema difícil. Lo cierto es que los chicos no se toman a mal la trampa cuando descubren que los padres se encargaban de comprar los regalos. Generalmente lo asumen como parte del crecimiento y asumen la complicidad con los papás. Lo más importante es no insistir en la mentira cuando los chicos descubren la verdad y preguntan si es cierto que los Reyes son los padres.
Otra cuestión importantísima es limitarse a contestar sólo lo que el chico está preguntando, que es lo que su psiquis está preparada para entender. Hay un ejemplo muy claro que nos puede ayudar: un niño hasta los cuatro años aproximadamente solo puede procesar dos frases seguidas. Si ustedes Tienen en cuenta esta regla vamos a poder avanzar bastante y además nos ayuda a ponerle un límite a nuestra ansiedad. Si se lo llena de información que no requiere, no la podrá procesar y sólo se le generará confusión. Cuando la pregunta no nos deja claro, cuál es la duda, siempre se puede indagar, preguntarle, cuál es exactamente la inquietud. Y las respuestas deben darse con palabras que ellos entiendan, con su lenguaje y su vocabulario.
Los chicos necesitan siempre una información precisa, corta.
Si uno les puede contestar en el momento que surgen las inquietudes, los está estimulando para que tengan ganas de saber y aprender. Además descubren que hay alguien que les puede responder, se sienten contenidos y les da la confianza necesaria para hacer luego preguntas quizá un poco más complicadas.
Lo más importante con estas preguntas es, cuando no se sabe algo, no mentirle, no inventar.
A veces el chico intuye perfectamente que lo engañan y puede sentir que no lo toman en serio, que no se toma en cuenta lo que él dice, cuando para él su duda es una preocupación importante.
Es preferible siempre, si uno no sabe algo, decirle: “mira en este momento no lo sé”, “déjame que lo piense” o “lo voy a charlar con tu papá”, y nunca dejarlo sin una respuesta.
¿Qué pasa cuando un niño no pregunta?
Puede ser que un chico no pregunte nada. Cuando ocurre esto, es bueno comenzar a buscar algún punto de diálogo para ver qué anda pasando. Porque quizá está muy metido en sus fantasías o no se anima a preguntar.
La idea no es preguntarle: “¿vos qué crees de la muerte?” O “¿sabes cómo vienen los bebés al mundo?. A veces se pueden comprar cuentos muy lindos donde van explicando algo sobre estas inquietudes típicas, como para estimularlo a que pregunte.
Es fundamental crear vías de comunicación para que el chico se anime a preguntar. Porque un niño que pregunta cuando a su corta edad, va a preguntar cuando sea adolescente, que es lo que más le preocupa a los padres. Cuanto más grandes se vienen los hijos, más complicado se vuelve entablar una comunicación. Un buen diálogo hay que establecerlo en los primeros años de vida.
El dialogo, entre padres e hijos, no debería empezar con las preguntas de los chicos, sino mucho antes.
La comunicación empieza desde el adulto hacia el pequeño
Es necesario dar explicaciones de lo que vamos hacer y lo que al niño le va a suceder durante el día. Ya que esta verdad concreta, dicha con palabras claras organiza el entendimiento de los chicos y construye la estructura emocional sostenida por la lógica. Por ejemplo: Hoy después del desayuno, mamá se va a ir a trabajar, pero después voy a volver y podremos estar juntos y jugar...vos vas a ir al jardín...... después de bañarte vamos a cenar...Esto es comunicación, incluso mucho antes de que un niño hable, es decir antes del año aproximadamente.
Esto es lo que se llama comunicación cotidiana. Las palabras son la traducción de lo que sucede, de lo que pasa.
Somos los adultos los mediadores entre externo y el interno. Con esta manera de comunicarnos, va hacerse menos dificultosa la posibilidad de preguntar, de dialogar, de confiar. Es un ejercicio de la vida diaria