Las normas de administración de cada medicamento deben ser explicadas por cada médico que lo prescribe, en el caso de bebés y niños, su pediatra de cabecera. Es a él o al farmacéutico a quienes debes dirigir las dudas o preguntas.
El instructivo o prospectos que acompañan a los medicamentos son una fuente útil de información sobre la manera de conservarlos, cómo administrarlos, sobre los efectos secundarios, las contraindicaciones, etc.
Es muy importante leer el prospecto de cada medicamento, sin embargo también se debe tener en cuenta que esta información se elabora teniendo en cuenta algunas normas de tipo administrativo, por lo que hay ocasiones en que el médico los prescribe a grupos de edad que no corresponden exactamente con el contenido del prospecto informativo, para estos casos de contradicción lo ideal es consultar con el médico o pediatra antes de cambiar o suspender cualquier medicación.
Vías de administración
Los medicamentos actúan de dos formas distintas, de ello depende su vía de administración:
• Por vía tópica o local.
• Por vía sistémica o general (vía oral y parenteral).
Por ejemplo, una crema o un ungüento actúan directamente sobre la zona donde han sido aplicados (vía tópica), en cambio un medicamento tomado por vía oral (vía sistemática) es absorbido en el aparato digestivo y a través de la sangre, actúa sobre cada una de las células del organismo.
Vía oral
Los más habituales son los comprimidos, cápsulas, sobres con polvo para diluir y soluciones orales o jarabes. Es muy importante leer en el instructivo o prospecto la forma de conservación. Algunos medicamentos deben ser conservados en el refrigerador después de ser reconstituidos.
La administración de medicamentos por vía oral a los bebés es más difícil que a los adultos. La dosificación varía según el peso del paciente. Además, muy a menudo el pequeño no colabora y se niega a tomar la dosis. En este caso ayuda un poco de paciencia y firmeza, para que los problemas se superen fácilmente.
La dosis
Por lo general, el pediatra receta a los pequeños los medicamentos en forma de jarabe o solución oral, de este modo es más fácil administrar la dosis exacta que el especialista calcula en miligramos por cada kilo de peso del bebé. Una vez convertido en centímetros cúbicos o milímetros, suele anotar en la receta; es preferible que el médico explique a los padres exactamente cuántos centímetros cúbicos se debe administrar en cada dosis.
La forma más cómoda para medir la cantidad exacta y para administrarla es utilizando una jeringa del tamaño adecuado: las de insulina para cantidades inferiores a 1 centímetro y las de 2 ó 5 centímetros para cantidades superiores. Si se trata de comprimidos, no hay ningún inconveniente en fraccionarlos. Las cápsulas no suelen utilizarse en pediatría, pero en caso de que sea preciso tomarlas se puede consultar con el doctor antes de abrirlas y administrar su contenido sin la protección de la cápsula.
El horario
La regularidad con que se debe administrar el medicamento dependerá del tipo del cual se trate. No es conveniente que sea interrumpido el sueño tranquilo del bebé para administrarle un antitérmico, un calmante para la tos o un analgésico para al dolor. Sin embargo, si padece una infección seria y está tomando antibióticos es conveniente que seas rigurosa mamá en el cumplimiento de los horarios.
La administración
En el momento que se administre el medicamento es importante, como siempre que se trata con pequeños, ser firmes pero a la vez cariñosos, pues ellos así podrán entender que deben hacerlo, pero que estarán ahí los papis para apoyarlo. Con los mayorcitos de más de 4 ó 5 años, lo mejor es que explicarles la situación con palabras muy sencillas y recurriendo si es necesario a la fantasía; con los pequeños de más de 6 años, la mayoría colabora, dado que en la actualidad los medicamentos no son de sabor desagradable.
Si con el hijo mas pequeño no funciona el sistema anterior, debes ser enérgica e igualmente cariñosa, pero eso sí, sin ponerte nerviosa ni gritar. Con movimientos lentos y sin que se inicie un combate de lucha libre sujetar firmemente al bebé pero sin presión y sin agresividad. Haciéndole sentar en el regazo y hablarle con voz suave y explicarle lo que sucede. Si colabora, podes aflojar la sujeción, pero si no, lo que resta es sujetarlo entre las piernas e introducirle suavemente la medicación en su boca. Si escupe, reprenderlo suave pero firmemente y devuelta a intentarlo.
Lo que se debe intentar hacer es evitar asustar al hijo y sobre todo perder la calma, si estás enojada, lo mejor será que dejarlo para otro momento.
Cuando un medicamento se administra por vía oral, sus efectos alcanzan a todo el organismo. Según cuál sea el tipo de medicamento, los efectos aparecerán más pronto o más tarde.
Mientras algunos antibióticos no empiezan a dejar de sentir sus efectos hasta 48 horas después de haberse iniciado el tratamiento, un sedante por vía sublingual comenzará su acción en pocos minutos. Por otra parte, para que ciertos medicamentos sean efectivos puede ser necesario haber tomado varias dosis, de modo que la cantidad de medicamento en la sangre alcance la suficiente concentración.
La vía parenteral
La palabra parenteral significa en realidad que el medicamento alcanza el torrente sanguíneo sin pasar por el hígado. El hígado es la central química del organismo que controla y modifica casi todas las sustancias que llegan al torrente circulatorio. Las sustancias que penetran en el organismo a través del aparato digestivo van directamente a parar al hígado a través de un sistema venoso especial llamado sistema portal, porque la vía principal es la vena porta. Todos los medicamentos que se toman por la boca pasan a través del hígado.
Comúnmente, se entiende por parenteral la forma de administración a través de aguja y jeringa. Puede ser por vía subcutánea, intramuscular o endovenosa. Actualmente, se recurre a la vía intramuscular en muy pocas ocasiones. Los medicamentos modernos se absorben de una manera excelente por vía oral y no es precisa la administración parenteral en la mayoría de los casos. El grupo de las vacunas es el que mayormente recurre a esa vía, pues no se trata de sustancias químicas sencillas sino de fracciones de microorganismos o en ocasiones, de microorganismos enteros. La vía parenteral debe ser administrada exclusivamente por personal capacitado.
La vía tópica
Esta se refiere a la administración local, ya sea en la piel, el ojo o en el oído.
En la piel
Los pequeños tienen con frecuencia rozaduras en la zona del pañal, por lo que es muy común el uso de cremas en esta zona, solo hay que tener cuidado con la composición de las cremas y pomadas que se utilicen. No es conveniente aplicar corticoides (derivados de la cortisona) de modo indiscriminado y sobre grandes superficies cutáneas porque favorecen las infecciones, sobre todo por hongos, además pueden absorber algo interfiriendo con el funcionamiento normal del aparato endocrinológico del bebé.
También se debe limitar el uso de antibióticos porque producen cambios ecológicos en la flora microbiana, de consecuencias imprevisibles en el futuro. Cuando se tenga que aplicar al bebé o pequeño alguna pomada o crema se debe hacer en cantidades pequeñas procurando que se absorba mediante un masaje suave.
El oído
El uso de gotas óticas debe utilizarse únicamente cuando lo indique el médico para el tratamiento de algún padecimiento que involucre el oído. En el caso de que se deba aplicar gotas al bebé conviene seguir los siguientes pasos: 1) colocar la cabeza del pequeño de costado sobre una mesa de modo que el oído a tratar quede en alto y vertical; 2) dejar caer una gota del fármaco previamente templado en el conducto auditivo y tirar suavemente hacia atrás el pabellón auricular; 3) repetir el proceso con dos o tres gotas, según lo indique el médico.
Si existe supuración en el oído, es posible que la membrana timpánica se haya perforado, consultar con el pediatra antes de que le pongas gotas al oído.
Los ojos
Al igual que el oído, el ojo es un órgano delicado, por lo que la aplicación de gotas debe ser únicamente bajo supervisión y prescripción médica.
La aplicación de unas gotas en los ojos de un pequeño asustado o enfadado puede ser una misión imposible. En estos casos, vale la pena que pierdas unos minutos jugando con él o ella para darle confianza e incluso (si lo permite el pediatra) jugar previamente con un poco de suero salino fisiológico para que no le asuste la caída de una gota sobre sus párpados.
Se debe tener en cuenta que la parte más sensible del ojo es la córnea, es la lente transparente que cubre la parte pigmentada del ojo; el resto del globo ocular, que es blanco y la parte interna de los párpados, de color rojizo, están cubiertos por una fina membrana llamada conjuntiva. Es preferible aplicar las gotas sobre la conjuntiva y muy importante, procurar no ejercer presión sobre el ojo al separar los párpados.
Los inhaladores
Los inhaladores son artilugios que al oprimirlos lanzan una dosis del medicamento en forma de nebulización. Para que el medicamento sea efectivo se debe coordinar la presión sobre el nebulizador con un movimiento de inspiración profunda similar al realizado al inhalar profundamente el humo del tabaco. Incluso para los adultos eso no es fácil y una buena parte de la dosis se pierde en la boca y la garganta, no alcanzando nunca los pulmones. Por esta razón, con los pequeños es mejor utilizar las cámaras espaciadoras. Existen en el mercado de la medicina dispositivos para inhalar polvo seco, su efectividad es igual o superior a la de los inhaladores y su manejo es más sencillo, consulta con el pediatra sobre esta opción.
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